Cartas del Embajador

AQUEL TEATRO IRIS

 

Alberto Barranco Chavarría

 

Vivos aún los acordes del Himno Nacional, alfombra roja, rigurosa etiqueta, ramo de flores del presidente Venustiano Carranza, olor a lavanda, de los amplios pliegues del terciopelo apareció la diva estremeciendo la ovación candelabros, candiles y plafones. Era el 25 de mayo de 1918. El lujo de mármoles, el señorío del pórtico de cinco puertas. Murió el Teatro Xicoténcatl.  Nació el Teatro Esperanza Iris a imagen y semejanza de La Escala de Milán. Función de gala: la ópera Bal Tavarin con la Compañía Vienesa. Un siglo invicto al desfile interminable: María Conesa, la Gatita Blanca; Virginia Fábregas, la Eximia; María Teresa Montoya, la Excelsa. Y de pronto la irrupción del gran Caruso a plena gloria; la magia alada de la prima ballerina Ana Pavlova, en salto a Edith Piaf, Marcel Marceau, Plácido Domingo, con escala en recinto de lucha libre, cine, pista para los inhumanos maratones de baile y hasta pasarela al morbo: iTeatro Iris, Teatro Iris, les presenta, Teatro Iris, el burlesco mejor! El recinto-casa de la Reina de la Opereta, testigo de sus tragedias sin fin, luto y lágrimas en los entretelones. La función continúa ahora como Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.