México, D.F. 07-XII-07

Emb. Patricia Espinosa, Secretaria de Relaciones Exteriores;

Min. Carlos Rico, Subsecretario para América del Norte;

Emilio Goicoechea, Embajador de México en Canadá;

Estimados Cónsules de México en Estados Unidos y Canadá;

Colegas de la Secretaría de Relaciones Exteriores,

Esta mañana, el Presidente Felipe Calderón marcó un rumbo claro para uno de los componentes fundamentales de nuestra relación bilateral con Estados Unidos, que es la protección de los migrantes mexicanos en ese país.

Las instrucciones que hoy hemos recibido del Presidente de la Republica se nutren de su convicción de que uno de los principales objetivos que debe perseguir la política exterior mexicana es la defensa irrenunciable de los derechos inalienables de nuestros migrantes en el extranjero. Si bien estas instrucciones reconocen la actual y compleja realidad político-electoral que se vive en Estados Unidos, sin que esto implique, de ninguna manera, la claudicación en el deber que tiene el Estado mexicano de velar y responder por quienes no han tenido otra opción más que buscar oportunidades fuera de nuestras fronteras. Refrendan, asimismo, la obligación que el Servicio Exterior Mexicano -que se debe al Estado y al jefe de Estado- tiene para velar por el bienestar de nuestros connacionales en Estados Unidos y por el respeto irrestricto de sus derechos fundamentales, sin que condición migratoria, etnicidad o nivel socioeconómico los precluyan.

Esta claridad de propósito asume además que la estrategia diplomática de alto perfil público instrumentada por el Gobierno de México y que produjo avances innegables hasta el 11 de septiembre del 2001, se topó, meses y años después, con la reacción adversa, en la opinión publica y algunos sectores políticos estadounidenses, hacia los migrantes mexicanos.

A las nuevas preocupaciones y prioridades en materia de seguridad nacional, se sumó un proceso interno, en ocasiones impulsado por la xenofobia y el aislacionismo que ha reconfigurado, nos parezca o no, el escenario político en Estados Unidos. Hoy, a diferencia del 2000 y 2001, e inclusive hasta entrado el 2004, los términos del debate público en Estados Unidos han cambiado y son, en esta coyuntura electoral, generalmente adversos para los intereses de México y de sus connacionales así como para los actores gubernamentales, legislativos, empresariales y sociales estadounidenses que son aliados de México en la causa común de una vecindad prospera, justa, competitiva, solidaria y segura.

En la política no hay realidades estáticas. Ciertamente afirmar que el 2007 no es el 2001 les parecerá de perogrullo, pero no por ello debe dejar de subrayarse. Ante una nueva realidad en enero del 2007 y las perspectivas moderadamente optimistas en torno a una nueva ronda de negociaciones entre la Casa Blanca y el Congreso en aras de una reforma migratoria integral, el Presidente Calderón ajustó estrategias: en vez de mantener una línea discursiva pública de escasa utilidad y contraproducente para los intereses de los migrantes, arrancó su gobierno desplegando una activa y discreta estrategia de cabildeo, mediante contactos sistemáticos con los principales actores del debate, encaminada a expresarles de manera directa y sin espavientos, los puntos de vista e intereses de México. Hoy, ante el tercer fracaso de reforma migratoria, registrado este verano pasado, y el vacio generado por la falta de avances en este tema en el contexto de un año electoral, el Presidente Calderón ha recalibrado estrategias con el cierre del 2007, cerciorándose de que las políticas de protección y gestión a favor de nuestras comunidades en Estados Unidos responden a las realidades de hoy, no a las de hace seis años ni a las de hace diez meses. Nuestra diplomacia debe ser dúctil para responder a estas nuevas realidades y lo está siendo bajo el liderazgo del Presidente.

La defensa de nuestros connacionales no pasa por el histrionismo, ni se debe confundir trabajo discreto y eficaz con pasividad y complacencia. Lo que no ha sido discreto en esta administración, ni lo será en el futuro,  es el enorme activismo desplegado por la red consular -por ustedes- para defender, en la mayoría de los casos con escaso personal y recursos, los derechos de los mexicanos en el difícil contexto político que prevalece actualmente en Estados Unidos.

Colegas cónsules,

A unos días de que arranque formalmente el año electoral en Estados Unidos, no podemos, ni debemos, mantener estrategias disociadas de la realidad. Recurriendo al refrán de un viejo líder de la Cámara de Representantes estadounidense quien dijo que toda política es local, el tema de la migración también se ha vuelto cada vez más local. 2008 será probablemente el año en el que se discutan el mayor número de iniciativas y medidas de corte anti-inmigrante. Esto ocurrirá en las legislaturas de los estados y los cabildos de los condados, en las comunidades donde viven y trabajan nuestros nacionales, en los medios de comunicación y en su trinchera consular, lejos de Washington.

Por ello, nuestra tarea conjunta, y cada vez más la de todo Cónsul de México en Estados Unidos, será la de alentar en el mediano plazo, el equilibrio y la sensatez, buscando transformar, desde ahora, percepciones erróneas, destacando con inteligencia las aportaciones de los mexicanos a ambas sociedades y estableciendo las alianzas estratégicas con actores estadounidenses en todo el espectro político que eventualmente permita el rescate del centro político-ideológico colapsado en los últimos años con relación a la reforma migratoria y a las comunidades migrantes mexicanas.

Por eso, celebro la convocatoria del Presidente Calderón y de la Canciller a los Cónsules de México y a su Embajador, para transformar en acción el mandato que nos han dado esta mañana. Sigamos defendiendo la dignidad de nuestra gente y la de México en todos los frentes. No hay aquí, causa menor.

Muchas gracias.