MENSAJE DEL EMBAJADOR DE MÉXICO EN ESTADOS UNIDOS,

ARTURO SARUKHAN, A LAS COMUNIDADES MEXICANAS CON MOTIVO DEL BICENTENARIO DEL INICIO DE LA INDEPENDENCIA Y EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MÉXICO

 

Estimados Paisanos,

 

Para todos los mexicanos que estamos viviendo en Estados Unidos es muy especial ser testigos, desde este lado de la frontera, del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución de México. Se trata de una oportunidad única para conmemorar los ideales comunes que inspiraron los movimientos independientes en nuestras dos naciones: libertad, igualdad, justicia y democracia. Al mismo tiempo, compartimos  la nostalgia de no poder estar con amigos y familiares celebrando en nuestro país, pero nos inunda el orgullo de poder representar en el exterior a la gran nación mexicana que rebasa las fronteras de su territorio.

 

Las raíces de la mexicanidad en Estados Unidos tienen más de doscientos años. Algunos señalan que se remontan a los primeros asentamientos españoles en la Florida o a la fundación de Santa Fé en Nuevo México en 1610, cuando los expedicionarios establecieron misiones religiosas integradas por pueblos indígenas, mestizos, mulatos y otros grupos étnicos de la Nueva España.  Desde entonces, América del Norte se ha enriquecido por la enorme diversidad de razas, etnias, culturas y valores que se amalgaman en nuestro mestizaje, aunque éste no siempre haya sucedido en forma pacífica o exenta de conflictos.

 

Así, poco después de 1821, cuando México  buscaba consolidar la paz para construir  el país sólido y soberano que somos hoy, se abrían los primeros consulados en Estados Unidos para promover los intereses de la nueva nación y proteger a sus connacionales en el exterior.  Muy pronto, como resultado del Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, se tuvo que redoblar el esfuerzo de  protección de los mexicanos que quedaron de este lado de la frontera y más adelante, ya entrado el siglo XX,  de apoyo  a la lucha por los derechos civiles que los mexico-americanos asumieron para hacer efectivos sus derechos como los de cualquier otro ciudadano en este país.

 

Trabajando en forma coordinada con  los comités patrióticos que se formaron a lo largo de los siglos XIX y XX, los consulados mexicanos han promovido el desarrollo de las comunidades mexicanas en momentos clave de nuestra vida independiente y de la relación bilateral con Estados Unidos. De esta forma, han venido contribuyendo al tejido de las redes ahora indisolubles que comunican y vinculan de manera estrecha a los pueblos y economías de ambos países, como sólo ocurre  entre muy pocos países vecinos en el mundo.

 

 

 

Hoy, en Estados Unidos viven cerca de 12 millones de personas nacidas en México y más de 30 millones de origen mexicano. Todos contribuyen día a día con su trabajo, esfuerzo e intelecto al progreso de ambas naciones. La estrecha relación que guardan las sociedades de nuestros dos países obliga a nuestros  gobiernos a seguir construyendo una relación madura basada en  el respeto mutuo y la responsabilidad compartida.

 

México le ha dado un vuelco al paradigma que durante décadas rigió la compleja  relación con su diáspora: de distancia, paternalismo y recriminación, hemos pasado a priorizar la cercanía y el diálogo constructivo. Atrás quedó la errónea percepción de que las comunidades mexicanas estaban subordinadas a los intereses del gobierno de México: en su lugar,  hemos sustituido esa dinámica por otra en la que el gobierno, además de apoyar a sus comunidades, busca ser un catalizador de dinámicas y programas que promueven el empoderamiento social, político y económico de los mexicanos y mexico-americanos en este país.  Reconocemos a nuestras comunidades y a los latinos en Estados Unidos por lo que son, lo que han logrado, lo que pueden ser y lo que llegarán a ser. Estamos orgullosos de ustedes y queremos seguir trabajando juntos para promover su bienestar.

 

Paisanos, el Bicentenario y el Centenario nos dan a todos los mexicanos, dentro y fuera del país, la oportunidad de reflexionar sobre el proyecto de nación que queremos impulsar, sin perder de vista quiénes somos y de dónde venimos. Como recientemente señaló el Presidente Felipe Calderón: “Nuestra generación está llamada no sólo a conmemorar el pasado sino, sobre todo, a transformar el futuro”.

 

Nuestra Independencia fue obtenida por el tesón,  compromiso e integridad de nuestros héroes quienes no claudicaron en su empeño por culminar la gesta. Nuestra Revolución, la primera del siglo XX, sentó las bases para una mayor justicia social e igualdad de oportunidades para todos los mexicanos. A nuestra generación le corresponde el reto de reinventar a México una vez más,  para que, sin importar si estamos dentro o fuera del país, podamos contribuir a que se logren los niveles de  prosperidad, desarrollo y justicia que el país está llamado y obligado a alcanzar.

 

Transformarnos es una tarea que nos corresponde a cada una y a cada uno de los mexicanos. Cuando este 15 de septiembre gritemos a todo pulmón por la libertad y la grandeza de México, refrendemos también nuestro compromiso con la Nación mexicana, sus ideales y luchas. Confrontemos las adversidades, las injusticias, los abusos, las expresiones de xenofobia y la discriminación que nos toque atestiguar. Recordemos la fuerza que nos da la unidad de ser mexicanos, de trabajar y luchar por nuestras familias y promovamos ese espíritu de solidaridad para que  nuestras comunidades en cualquier latitud sean espacios de tolerancia, desarrollo e igualdad.

 

¡Viva México!