México, D. F., 6 de enero de 2016

Canciller Claudia Ruiz Massieu: Distinguidas Senadores de la República, distinguidos ex Cancilleres de México, Embajadoras y Embajadores Eméritos y Eminentes.

Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático Acreditado en nuestro país, señoras y señores Embajadores, Cónsules y Jefes de Misión de México en el Exterior.

Señoras y señores empresarios, distinguidos académicos, miembros de la Comunidad Cultural y Artística, amigas y amigos. Muy buenos días.

Bienvenidos a esta Vigésima Séptima Edición de la Reunión de Embajadores y Cónsules de México. Agradezco a todas y a todos su participación.

El año que comienza ofrece un panorama complejo e incierto que debemos enfrentar con decisión y es que el pasado fue un año de claroscuros, un año que puso a prueba la resistencia y capacidad de las instituciones y arreglos internacionales pero también fue un escenario de grandes logros colectivos, en los que México aportó experiencia y capacidad, al tiempo que apostó por una visión de futuro.

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París sobre Cambio Climático y la Conclusión de las Negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico mostraron que cuando hay voluntad, la cooperación internacional no queda en aspiración.

Sin embargo los fenómenos globales que atestiguamos en 2015 dan cuenta de que será imperativo replantear formas, límites y paradigmas.

El terrorismo y el extremismo violento representado por nuevas amenazas no estatales, que seguimos tratando de definir, así como las nuevas aristas y realidades del fenómeno migratorio, son tan solo dos de los desafíos que seguirán determinando la Agenda Internacional y que demandarán que México asuma con más fuerza su responsabilidad global y que la asumamos desplegando todo nuestro talento, para labrar consensos globales que abonen a la paz y prosperidad de las Regiones del Mundo, al mismo tiempo que aprovechamos las nuevas realidades y dinámicas para seguir desarrollando nuestro potencial.

En ese contexto, México debe jugar el papel que le corresponde por hecho y por derecho pero también por convicción. No puede ser de otra manera.

Hoy somos una democracia plena y con instituciones sólidas, una de las economías más grandes y pujantes del mundo y una potencia exportadora, crecientemente integrada a las cadenas globales de valor.

Somos un país de instituciones, comprometido con los Derechos Humanos y el Estado de Derecho; un país joven, reconocido por su historia y su cultura y por su potencia creativa e innovadora.

Somos además un país en transformación, que se proyecta hacia el futuro con perspectivas sin límite. Estamos obligados a asumir una posición de liderazgo y participar activamente en la definición de las reglas internacionales de la convivencia humana.

La política exterior es un instrumento central para la consecución de las grandes metas nacionales que el Presidente de la República ha definido para construir un México más incluyente y más próspero.

Por ello la política exterior de hoy debe al mismo tiempo incidir en el escenario global y dar resultados y beneficios tangibles a los mexicanos.

Para cumplir esos objetivos vamos a desplegar una política de certidumbres y principios, de definiciones y compromisos. Una política asertiva que nos prestigie y nos distinga.

Vamos a seguir participando activamente en el diseño, en la construcción del orden normativo mundial a partir de los clubes de gobernanza global a los que pertenecemos, imprimiendo nuestro sello a las políticas, acciones y definiciones multilaterales, regionales y bilaterales que nos son prioritarias.

México es un país con retos, relaciones, causas y pertenencias diversas, pero seremos estratégicos.

El siglo XXI presenta otros retos a los cuales México no puede ser ajeno, responder de manera integral y multidimensional al reto de la migración, situando en la persona migrante como sujeto de derechos y centro de una política de Estado es una prioridad.

El perfil migratorio de México ha cambiado y con él las variables y los enfoques para atender la nueva realidad. Hoy somos un país de origen, tránsito, destino y retorno de migrantes. Por ello tenemos una responsabilidad del más alto orden, para contribuir a la construcción de una visión global y regional basada en los derechos humanos, la corresponsabilidad y la valoración de la aportación de la población migrante al crecimiento y desarrollo del mundo.

Pero también trabajaremos en instrumentar una política de Estado que oriente a nuestros migrantes en su regreso a casa. Por ello implementaremos el Programa Puertas Abiertas, que buscará a través de una ventanilla única que el regreso a México sea amable, productivo y benéfico, tanto para el migrante como para la comunidad en la que decida asentarse.

A partir de Puertas Abiertas la Cancillería vinculará la Red Consular con nuestra Red de Delegaciones, para articular las funciones de unas y otros, para que las necesidades específicas de cada persona y familia migrante encuentren una respuesta institucional.

Para ello invitaremos a las entidades del gobierno de la República a que coordinemos juntos una atención transversal, de tal suerte que nuestros connacionales puedan acceder fácilmente a los programas y acciones de apoyo laboral, educativo, de salud, financiamiento, vivienda, entre otros.

Otra prioridad será aprovechar los cambios en el hemisferio, tanto el norte como el sur, para consolidar nuestras alianzas estratégicas, identificar sinergias con potenciales nuevos socios y continuar generando confianza en diálogos restituidos apenas hace tres años.

Las sinergias con Estados Unidos y con Canadá se vuelven indispensables en la ecuación de transformar a México.

Aspiramos hacer de la región de América del Norte no sólo la más próspera, sino también en avanzar en un proceso de integración más profundo. Nos ayudará la efectiva instrumentación de las reformas estructurales para impulsar una región más competitiva. Pensemos en el sector obvio, si sumamos las oportunidades que el gas mexicano puede ofrecer a las oportunidades estadounidenses y canadienses, entonces estamos en la antesala de la principal región productora de energía en el mundo. Pero sin diálogo político, las proyecciones quedarán sólo en buenas intenciones.

Tenemos que trabajar arduamente para que con la región abramos, sin distracciones, un nuevo capítulo en la cooperación de América del Norte.

Pero también tenemos que aprovechar otros puntos de la vecindad de México. Debemos sumar más socios en un contexto que por la misma dinámica democrática latinoamericana nos resulta propicio.

La defensa de la democracia es una prioridad de nuestra política exterior y ningún país de la región debe ser la excepción.

No pedimos a nadie más de lo que nosotros nos exigimos como mexicanos. Queremos ver en la región democracias genuinas, de alternancia en los órdenes de gobierno, de división de poderes y equilibro entre ellos, de libertades e instituciones, de procesos electorales competidos y debidamente organizados; en suma, democracias enriquecidas por estar abiertas al debate y al escrutinio público internacional.

Somos un país comprometido con la Agenda de Derechos Humanos que se plasma en nuestra Constitución y en los instrumentos internacionales que articulan las relaciones globales.

Consecuentes con ello, no sólo hemos sido arquitectos del Sistema Internacional de Derechos Humanos, sino hemos consolidado un andamiaje institucional y de políticas públicas que buscan consolidar un país de derechos e inclusión para todas y todos.

En esa agenda tiene particular relevancia el adelanto y empoderamiento de la mujer. Ningún país puede prescindir del talento y la energía de la mitad de su población; ningún país que se proponga superar sus retos puede marginar de la toma de decisiones, de las oportunidades a más del 50 por ciento de sus habitantes.

Estoy convencida de que el siglo XXI es el siglo de las mujeres. Por ello, una de mis prioridades será continuar avanzando en el desarrollo de la agenda de género que desde hace tres años inició el gobierno del Presidente Peña Nieto.

Nuestro liderazgo internacional en la materia es reconocido desde hace 40 años que albergamos la Primera Conferencia Internacional de la Mujer.

En los próximos años continuaremos fortaleciendo y renovando ese liderazgo en los foros internacionales sobre igualdad de género y adelanto de las mujeres y ese liderazgo tendrá un espejo dentro de la Cancillería, aprovechando que contamos con la red más grande enlaces de género de la Administración Pública Federal.

Para ello también he creado la Unidad de Política de Igualdad de Género de la Cancillería que estructuralmente será parte de mi oficina.

Será fundamental seguir impulsando incentivos que contribuyan a empoderar a las mujeres diplomáticas de carrera, por lo que en la propuesta de nombramientos a embajadores que someteré a consideración del Presidente este año, el 50 por ciento de dichos ascensos serán para las mejores mujeres ministras del Servicio Exterior Mexicano.

Asimismo, he instruido a la titular de la Unidad de Política de Igualdad de Género, que junto con el INMUJERES identifique una serie de mejores prácticas y nuevas acciones, que anunciaremos el Día Internacional de la Mujer en marzo próximo, para avanzar con medidas concretas en la igualdad de las mujeres diplomáticas de carrera y del personal femenino de la Cancillería.

Por otra parte, la proyección internacional de México como el país fuerte dinámico, en crecimiento e importante que somos debe ser una constante cotidiana impresa en todas las acciones de la Política Exterior. Por ello resulta vital que cada uno de ustedes sea un promotor vocal y permanente de la realidad vibrante de nuestro país y de las múltiples oportunidades que ofrece.

Para ello, de manera decidida buscaré que cuenten con las herramientas e información que les permita cumplir con ese objetivo trascendental para que puedan posicionar y defender a México como espera el presidente transformador y exigen nuestros compatriotas.

No puede haber proyecto de política exterior exitoso si no se cuenta con el capital humano preparado, responsable, pero sobre todo motivado para desempeñar sus tareas.

En este tiempo he trabajado de la mano de ustedes y he tenido la oportunidad de constatar que el servicio exterior está integrado por mujeres y hombres profesionales, comprometidos y con visión de Estado.

Soy consciente de las carencias en condiciones y herramientas que requieren los diplomáticos del Siglo XXI y que no obtenemos. De ahí que a partir de lo que ustedes mismos se han planteado estamos en el proceso de identificación de las medidas concretas que se traduzcan en mejoras sensibles al servicio exterior en materia de plazas, ascensos, rotaciones y oportunidades, utilizando de la manera más óptima los recursos humanos y financieros con los que cuenta la cancillería.

Asimismo, he instruido al Oficial Mayor a instrumentar acciones que atiendan las distintas necesidades que presentan las representaciones en el exterior.

En este sentido se reinstaurará la figura del visitador, que tendrá como principal objetivo elaborar un diagnóstico exhaustivo que permite identificar las principales necesidades de bienes inmuebles y en ese contexto tomar acciones concretas para su mejora continua.

De igual manera, se analizará en forma integral las condiciones de los empleados locales con el fin de encontrar un sano equilibrio entre el costo de la vida y las funciones que se realizan.

Señoras y señores, titulares de las representaciones de México en el exterior:

Esta reunión debe ser una oportunidad para reafirmar nuestra vocación y compromiso, un espacio de inspiración y de trazo de camino. Estoy cierta de que nuestro país tiene en ustedes las mejores mujeres y los mejores hombres para promover y proteger sus intereses en el mundo.

Compañeros y amigos, servir a México es nuestro deber y nuestro privilegio. Honrosamente soy parte de este equipo. Sigamos cumpliendo la misión que nos ha encomendado el Presidente Enrique Peña Nieto y hagámoslo con audacia, innovando, privilegiando los principios y valores de la Nación Mexicana.

Muchas gracias.

 

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