Como mexicana, representar a mi país como embajadora ante el Reino de España constituye un alto honor, que toca fibras personales y profesionales. La relación histórica que une a nuestras naciones define y entrelaza nuestras vidas en ambos lados del Atlántico.

A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de estar al frente de las misiones diplomáticas de México en Austria, Cuba y Bolivia; encomiendas que, aunadas a mi desempeño como representante alterna ante la ONU, me dan los elementos para asumir hoy, con solidez, esta importante responsabilidad que me ha sido confiada por el Presidente Enrique Peña Nieto.

México y España viven tiempos de importantes replanteamientos, de delinear estrategias para superar coyunturas históricas y hacer frente a desafíos comunes; aprovechando la infinita gama de oportunidades que ofrece la relación, en los ámbitos cultural, económico, político y social, por citar algunos.

El excelente nivel de diálogo y entendimiento mutuo contribuirá a enriquecer aún más nuestros vínculos, en beneficio del desarrollo de nuestras naciones y nuestros pueblos hermanos.

En estrictos términos de hermandad, mexicanos y españoles no somos vistos como extranjeros en tierras del otro. Un mexicano por la Gran Vía pasea con la misma naturalidad que podría hacerlo en el Paseo de la Reforma, en el Distrito Federal, o en La Minerva, en Guadalajara.

Parte de esa naturalidad, se deriva de la cercanía y los lazos que unen a nuestra gente, reforzados por el buen entendimiento entre nuestros gobiernos, situación a la cual esta Embajada, sus diversas agregadurías y sus secciones Consular y Cultural seguirán contribuyendo.

Como embajadora, les reitero a los mexicanos en España el respaldo pleno de su país, y el mío en lo personal, a través de esta sede diplomática, donde encontrarán siempre una mano amiga y la posibilidad de encontrarse cerca de los suyos.

Acérquense, ésta es su casa.


Roberta Lajous Vargas
Embajadora